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Términos tumefactos

Arturo Rodríguez

30 de junio de 2008 - 22:02


Hay conceptos inflados y deshinchados súbitamente por las crónicas que se hacen de nuestro tiempo. Estas crónicas, a menudo escritas con la urgencia de quien quiere hacer historia, suelen apresurarse a señalar el modo en que viviremos en el futuro o las nuevas formas de relación social que nos esperan. De entre todas estas ideas, la de “red”, ha venido sirviendo para describir la circunstancia actual de nuestra sociedad, situándonos en un futuro vivido en tiempo real por todos nosotros, aunque no lo supiéramos. (El escenario estaba ya montado).

Ha servido también para explicar la economía, el terrorismo, el mundo mediático. Todo es red y todo será red. Quizá esta especie de obsesión o de inflación de la idea de red sea la manera más fácil de eliminar por un lado la complejidad del entramado sociológico en el que flotamos sin ser capaces de encontrar las herramientas que lo expliquen; y por otro lado quizá sea la manera más fácil de hacer visible la cruel simplicidad que exhibe hoy en día el poder. Si como sabemos el hecho de hacer visible todo este panorama, de cartografiarlo y ofrecerlo perfectamente empaquetado, no implica precisamente una posición de resistencia u oposición, habría que preguntarse hasta qué punto la idea de red, como representación de la sociedad moderna, no sirve de interruptor “off” del análisis y de la crítica, de verdadero inhibidor de frecuencias rebeldes. (El escenario estaba ya montado y es imposible desmontarlo porque es imposible abarcarlo…).

¿No será que habrá que actuar sobre las diferentes capas de esa cartografía, hacer ver las imágenes que quedan tapadas por las imágenes, desvelar las conexiones que no quedan a la vista? ¿No será que la idea totalizadora de red, puede llegar a ser totalitaria en las formas de trabajo que nos proporciona, en la información que nos suministra, en las relaciones que nos propone?. (El escenario se desdobla, se convierte en un escenario “alternativo” pero no llega a incidir en la idea misma de red, no tiene capacidad transformadora).

Sea lo que fuere, la red se establece como el terreno de juego para la banca y el cliente, para la administración y la corrupción, para el pez grande, el pez chico, el pez payaso y el pez volador. Todos caerán en la red. Hemos visto también como otros conceptos igualmente inflados y deshinchados súbitamente como “post-capitalismo” o “democracia”, se confunden así mismo con la idea de red, conformando un magma unitario en el que TODO se explica, porque hay un gran mercado que necesita urgentes explicaciones.

Decía R. Dahl: “La democracia no implica una elevada participación de los individuos, implica que los pobres y los que no han accedido a la educación se excluyan por si mismos a causa de su pasividad política”. Del mismo modo que todos hemos entendido que es inútil la búsqueda de la “liberación” a través de una idea descompuesta de democracia, deberíamos colegir que una conectividad universal, aunque fuera alternativa y divergente, tampoco resolvería por sí sola las inquietudes emancipadoras. La búsqueda de nuevas acepciones de “liberación” y de “conectividad”, se convierten así en el nuevo escenario.

Recuperar la idea de comunidad (ensombrecida, como decía J. L. Marzo); tener como objetivo la politización de aspectos de nuestra cotidianidad como el malestar, la vulnerabilidad y la “precariedad existencial” (Espai en Blanc de nuevo: ver “la sociedad terapéutica”); reinterpretar la idea de red a partir del desgaste de ciertas concepciones que hemos manejado hasta ahora y que nos ha dejado mapas irrefutables y escenarios inamovibles, se convierten ahora en el nuevo material de trabajo.

Arturo / fito Rodríguez

3 Mensajes del foro

  • Fito, me parece muy acertado lo que comentas: "Quizá esta especie de obsesión o de inflación de la idea de red sea la manera más fácil de eliminar por un lado la complejidad del entramado sociológico en el que flotamos sin ser capaces de encontrar las herramientas que lo expliquen".

    En este sentido, déjame aportar una pequeña reflexión que ya elaboré brevemente en otro lugar.

    Propongamos una metáfora social basada en la teoría del dominó. Hace tiempo las fichas del dominó estaban dispuestas de manera que cuando caía una, caía la de al lado, y así consecutivamente con todas las fichas. Para proteger al sistema del descalabro que un accidente o la mala posición de una ficha podían provocar, se crearon “compartimentos estancos” (1): se quitaban algunas fichas en ciertos lugares de manera que el conjunto quedara protegido si una parte se venía abajo. Se inventó una técnica para que, cuando una cierta sección se hubiera colapsado, la primera ficha de la sección contigua cayera por sí misma, golpeando a su compañera y provocando la cascada de caídas necesaria para que el sistema funcionara. Sin embargo, el sistema evolucionó, y lo hizo gracias a esta misma técnica. Se descubrió que cada ficha podía disponer de esta función de auto-caída. Esto revolucionó el sistema e hizo recomponer el anterior criterio lineal en la colocación y en las relaciones de las fichas. Por efecto de ello, las fichas han ido separándose de manera que, cada vez más a menudo, cuando una se cae (o quiere caerse) no afecta a la que tiene junto a sí (2).

    Michel Foucault escribió que el poder es ejercido a través de una trama parecida a una red. No sólo los individuos circulan entre sus hilos, sino que siempre están en la posición simultánea, tanto de ejercer el poder como de evitarlo. “Los individuos son vehículos de poder, no sus puntos de aplicación”, ha recordado más recientemente Cynthia Cockburn durante sus investigaciones sobre la tecnología doméstica (3). El individuo contemporáneo se ha convertido en el centro de una visión, en la que gracias a su dedo pulsador se legitima toda el sistema.

    (1)- Phil Salin, cibergurú norteamericano que aboga por la privatización del espacio público, gracias a la figura quimérica del individuo “total”, mantiene que mediante económicas innovaciones en el software "lo que pasa en un ciberespacio puede ser impedido de afectar otros ciberespacios."

    (2)- Un ejemplo claro de esta teoría es el FTP (File Transmission Protocol), uno de los primeros sistemas de transmisión de datos por internet. El FTP se diseñó para poder alterar cualquiera de sus componentes sin afectar a los demás: su arquitectura estratificada divide los diferentes servicios en categorías distintas, agrupando los relacionados y manteniéndolos independientes de los demás. De esta manera, se pueden incorporar actualizaciones de cada uno de sus componentes sin perturbar al resto. Como vemos, el sistema de comunicación actual responde como si de un calco se tratara a una visión social, palpable también en la economía o la política, que protege al conjunto entero de la disfunción que cada individuo o sistema local puedan provocar.

    (3)- Cynthia Cockburn, “The Circuit of Technology: Gender, Identity, and Power”, (ed. orig., New York, 1992), en John Thornton Caldwell, ed., Theories of the New Media, A Historical Perspective, Athlone, London, 2000, 209

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  • Jorge, la cita de Cynthia Cockburn me parece que viene muy bien para poner en cuestión otro término como es el de "nodo". Si como dice Cockburn (apellido de sugerente traducción) “Los individuos son vehículos de poder, no sus puntos de aplicación”, significa que hemos de empezar a enternos a nosotros mismos como nudos de un entramado que no podemos transformar ni derivar hacia otros territorios reticulares. La cita no puede ser más clara: nos describe como seres instrumentalizados por un órgano superior capaz de emitir y transmitir a través de la red, (sus mensajes, sus ordenes, su ideología), sin que estos supuestos engarces (nunca terminaciones nerviosas), no puedan tener nunca una labor creativa o divergente...

    Quizá hasta ahora hayamos entendido este concepto de nodo, como si se tratara de un lugar privilegiado, capaz de recibir estímulos desde diferentes lugares, como un observatorio desde el que incluso poder discriminar unas cosas en favor de otras. Sin embargo esta manera de entender el nodo, como mero transmisor pasivo, nos descubre una ficción nueva, la de los diferentes niveles o estratos en los que la red opera. ¿La red como big brother? Es solo una vuelta de tuerca más sobre la afectación de los términos y también de su tumefacción... se trata de un comentario...

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  • Una idea. La figura que acertadamente propones, Fito, de la “red-bigbrother”, aunque pueda parecer una paradoja por lo descentralizado de la metáfora de la red y lo vertical del “gran hermano”, me trae a la cabeza, será contagiado por el ambiente marinero, la idea de “echar la red”. Que en su versión virtual y menos veraniega, de alguna manera, se materializa en el polémico concepto de “crowdsourcing”. “El crowdsourcing intenta sustituir los contratos selectivos y la formación específica de fuerzas de trabajo mediante la participación masiva de voluntarios y la aplicación de principios de autoorganización.” (Wikipedia). Por supuesto, las grandes empresas, aunque no exclusivamente, son las primeras que aprovechan (echan) la red con el objetivo de que esa masa de voluntarios realice trabajos que sobrepasan la propia capacidad de las propias empresas para obtener y procesar gran cantidad de datos.

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