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A través de los diferentes artículos aquí publicados se ha insistido en la dificultad o imposibilidad de compatibilizar ideas como museo y red, en el sentido que expresaba por ejemplo Jorge Luis “como utensilio ciudadano independiente”. Fito insistía incluso en que no es necesaria una pretendida actualización del equipamiento museo porque ya cumple una función muy determinada y proponía desplazar esa atención hacia otros lugares como el diseño y aplicación de las respectivas políticas culturales. Todo ello es cierto y lo comparto en gran medida, pero no puedo dejar de reencontrarme una y otra vez con mis propias contradicciones al plantear diferentes posibilidades de actualización del recurso museo, al mismo tiempo que en la mayoría de los casos éstas se dibujan bastante poco viables. Me cuesta dejar de pensar en el equipamiento museo como algo radicalmente mejorable, sobre todo en aquellos lugares pequeños donde, debido a la escala del contexto y las políticas culturales que allí tienen lugar, actúan como si de un agujero negro se tratara, capaces de absorber todos los recursos de su entorno más próximo.
Sigo pensando que no es tarde para resetear el sistema, en su dimensión más local, e incorporar nuevas funciones al equipamiento museo. La idea de red como herramienta y el tejido cultural para el que decididamente deberían trabajar como principal objetivo, son todavía útiles. Más aún, si el museo sigue respondiendo a políticas culturales públicas. Sin embargo, hay que ser consciente del peso que la idea tradicional de colección y patrimonio tiene incluso en los más pequeños y actuales de estos nuevos museos. Tanto que lastran cualquier otra línea de trabajo. Pero diferentes experiencias de redes o las prácticas en torno al software libre nos muestran diariamente ejemplos como la idea de “repositorios” a modo de archivos abiertos, accesibles, fluidos, descentralizados. Entendiendo por algo abierto (J. Freire) cuando existe “una elevada probabilidad de ser descubierto, analizado, utilizado y modificado por otro usuario”. Es decir, una vez más, hay que insistir en las posibilidades de la digitalización de contenidos y su distribución inmediata a través de redes de intercambio, actuales y futuras. Así, nunca es tarde para poner en marcha una red de resets situados de las diferentes políticas culturales e incidir localmente en sus aplicaciones.
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