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Red y todo lo que viene pegado… (y 3)

Arturo Rodríguez

22 de septiembre de 2008 - 11:22


1. Damos vueltas a la idea de comunidad, de colectivos, de redes, queremos saber de qué hablamos; nuestra intención es digna y comprometida, porque se afana en explorar un ámbito que no podemos llegar a conocer del todo, por inasible, por intratable (creo hay en ello algo de candidez, al menos por mi parte), pero sabemos que ése ámbito, extraño y cercano a la vez, es donde hoy tiene lugar la elaboración de sentido. Precisamente por ello, intuimos que no podemos dejar de pensar sobre estas cosas, que no podemos inhibirnos, que nuestro deber es tensar redes, vincular nodos, establecer conexiones entre nuestra circunstancia y los reflejos de vida “como la nuestra” que nos llegan a través de las diferentes formas que adopta la información. Además, queremos pensar sobre todo este conglomerado de cosas en el preciso momento en que se estrella con el rompeolas de las políticas y es entonces cuando nos encontramos con una serie de sensaciones que bajo el signo de la ansiedad y el vértigo nos sitúa, ahora sí, definitivamente solos ante la sombra de una paradoja: ¿qué elaboración de sentido?

2. Si fuera cierto que, por las causas que todos conocemos, el tiempo y el espacio han variado en los términos que hasta ahora se habían conocido, deberíamos pensar (con/sin) prisa y (con/sin) pausa en cuáles serían ahora mismo las coordenadas de nuestra situación con respecto a lo demás, a lo social, al otro… Ante la supuesta primacía del tiempo (de la velocidad como nuevo tótem), vemos cómo lo conflictivo se organiza cada vez más en torno al espacio: inmigración, ocupación, expropiación. Así, si fuera cierto que el GPS de nuestro proyecto utilizase la red para conocer nuestra situación real, debería habernos advertido de la necesidad de una reapropiación política de territorios tales como el barrio, la taberna, la vivienda. Pero alguien estuvo alterando nuestros dispositivos de navegación. La brújula se volvió loca hace mucho, el horizonte desapareció con el humo de las fábricas y ahora hay un zumbido sordo y constante cuando se hace de noche…

“La dificultad fundamental que se presenta cuando se quiere pensar "lo social" como espacio (del anonimato) -y el resultado al que hemos llegado es que esa es hoy la única manera de poderlo aprehender- reside en el hecho de que el espacio en sí mismo ha ocupado siempre una posición secundaria respecto al tiempo”. (Miradas extraviadas. Cap.“¿Dónde estamos?”. Mar Traful)

3. Si las redes de capital global y las redes de resistencia global se han desarrollado paralelamente, compartiendo lógica, técnica y estrategia ¿qué tipo de escenario hemos de inventar para la puesta en cuestión de este único patrón - método? Si el espacio y el tiempo se disfrazan el uno del otro, se esconden y se adhieren por efecto de la red sin que podamos despegarlos cuando buscamos nuestro espacio o nuestro momento, ¿qué tipo de acción hemos de poner en marcha para volver a recuperar el sentido y la dirección que queremos dar a nuestro viaje, por no decir destino? Si la red puede ser enfermedad vírica, se entiende a la vez como un remedio, se usa como condimento en la cocina y en el sexo, vale igual para un roto que para un descosido, es el libro sagrado y su desambiguación ¿de dónde podríamos sacar algo tan poderoso que pudiera llevar todo su significado a un segundo plano, al menos por un tiempo consensuado?

Con razón Spiderman tiene tanto predicamento…

4. Y final. Parece que la elaboración de sentido, o “eso” que debería llenar su hueco, tendría que pasar por una reapropiación política de los espacios de vida cotidiana. Pero parece también que este tipo de intervención política ha de ser siempre puesta en marcha precisamente desde aquella forma de política que se desentiende de los espacios a los que aquí nos referimos; como si fuera imposible la capacidad transformadora fuera de ese embudo. Es cuando vemos cómo, por efecto de su deterioro, el confinamiento y la ilegalización, por ejemplo, se convierten en prácticas usuales, sin que existan dudas o respuestas sobre estas cuestiones. Descubrimos entonces que las coordenadas de nuestra situación, esas de las que antes hablábamos, desaparecen eliminando nuestra huella, evaporándose en el tránsito que va del hartazgo a la indolencia pasando por la incredulidad para acabar siendo parte del zumbido sordo y constante de la noche.

Arturo, fito Rodríguez Bornaetxea

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