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Red ciudadana tras el 11-M

Santiago Eraso

15 de julio de 2008 - 10:18


Jorge Luis Marzo diferencia con razón las redes blandas, donde la conectividad es muy alta pero la capacidad de construcción comunitaria o de discurso político es baja, de otras redes donde el compromiso se constituye a partir, precisamente, de la suma de voluntades interesadas en modificar la realidad. En estos casos la tecnología no es un fin en sí mismo, sino un medio que permite mejorar exponencialmente la capacidad relacional y activar al máximo la comunicación entre interesados; su utilización es subsidiaria, secundaria respecto a la voluntad de construcción de la red. Ciertas redes pueden estar constituidas por millones de nodos y ser inoperantes. Sin embargo, paradójica y afortunadamente, la capacidad de acción de un grupo “insignificante” puede ser muy grande.

El 15 de Diciembre del 2004 Pilar Manjón leyó en el Congreso de Diputados, ante la Comisión de investigación sobre los atentados del 11 de Marzo, un discurso que alteró de raíz la significación de todos los acontecimientos ocurridos hasta entonces tras el atentado de Madrid. La percepción que la sociedad y la clase política tenían sobre los hechos se trastocó tras escuchar las contundentes palabras contenidas en aquel documento, leído desde la emoción personal y la rabia política colectiva.

Han pasado varios años y todavía hoy se desconoce su autoría. La dimensión social y política de la experiencia posibilitó la apertura de un espacio insólito: la Red Ciudadana tras el 11M. La letra del discurso fue tejida colectivamente en una dinámica participativa que desbordó todos los marcos formales; se hizo a base de intercambios de e-mails, de documentos que cada uno escribía y se discutían a viva voz, cuerpo a cuerpo, resignificando la importancia física de la presencia junto al pensamiento y la escritura, que podían ser virtuales; fue un proceso a la vez íntimo y a la vez abierto, que no era público ni privado y donde las emociones personales se pusieron en común, en red. Fue también un proceso de toma de palabra que funcionó, una vez más, en el “entre” para luchar juntos y en común.

Margarita Padilla, miembro de Desdedentro, nombre colectivo que se ha dado el grupo editor del libro Red Ciudadana tras el 11M. Cuando el sufrimiento no impide pensar ni actuar, añade que la Red era un espacio horizontal, donde no había categorías ni jerarquías y donde tod*s los miembr*s estaban en el mismo plano; un espacio abierto a lo social que trabajaba en forma de red y que, por tanto, propiciaba una participación y un compromiso flexibles, dando a cada persona la posibilidad de conectarse y desconectarse según sus necesidades y circunstancias. Aquella estructura informal de relaciones permitió que mucha gente se sintiera partícipe de la elaboración del texto y de que su palabra pudiera ser escuchada. La voz de Pilar Manjón era la de tod*s. Alain Badiou reivindica el carácter político, trasformador, de todo acontecimiento, siempre y cuando esté provisto de lenguaje. En aquella ocasión, la red de ciudadan*s damnificados produjo una experiencia social única e irrepetible que logró, por un momento, suspender nuestra vida y obligarnos a repensar nuestro compromiso político. Fue la confirmación de que en cualquier momento podemos ser afectados por la realidad y, a su vez, podemos incidir también en ella, mediante conexiones insólitas.

A pesar del tiempo trascurrido, de que las heridas cicatrizan y la realidad impone su demoledora normalidad, la Red mantiene abierto un vínculo que permite reactivar la memoria para que el presente amnésico no olvide nuestra capacidad de actuar: foroexperiencias@yahoo.es. Un hilo tenue de comunicación que como dice Eva Aguinagalde, psicóloga y testigo activo de todo el proceso: “Me he ido aunque continúe estando. Si la Red se transforma en una red dispersa, formada por personas que saben que pueden contar las unas con las otras, pues así está bien, porque lo vivido es bueno y ha sido importante. No me arrepiento ni me parece una tristeza que la Red sea ahora lo que es. Así está bien”. L*s autores del libro añaden: “No es raro que la experiencia de la Red se haya desactivado. Lo raro, lo milagroso, es que haya existido. Y el milagro no desaparece aunque desaparezca la Red, porque a través de su existencia conocemos posibilidades que antes ignorábamos, sabemos que es posible lo que antes parecía imposible, y al probar que algo puede existir hemos cambiado la realidad”.

Santiago Eraso

(imag: Santiago Ortiz, portada para el libro "Red Ciudadana tras el 11M, Cuando el sufrimiento no impide pensar ni actuar" ed. Acuarela Antonio Machado, 2008)

5 Mensajes del foro

  • El sociólogo Zygmunt Baumann, en una conferencia en Barcelona en 2004 se preguntaba atónito: ¿quién me iba a decir a mi que iba a ver cómo millones de españoles se iban a convocar entre ellos y libremente para manifestarse colectivamente en contra de una mentira a través de teléfonos móviles? ¿quién podía decirme que en un momento en que los sociólogos advertimos que el individualismo ya recorre las etapas más áridas de la vida política, iba a ver como la gente puede deshacer las teorías de una manera tan abrupta?

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  • os adunto el texto de una columna que escribí en el Diario Vasco, hace unos meses, cuando Berlusconi ganó las últimas elecciones italianas.

    EL ESTADO COMO EMPRESA.

    “El problema es el Estado”. Esta lapidaria frase fue pronunciada por Silvio Berlusconi unos días antes de que se celebraran las elecciones italianas que el líder de la agrupación de partidos Pueblo de la Libertad ha ganado al socialdemócrata Walter Veltroni, gracias sobre todo al avance de la extremista Liga Norte.

    El principio ultra-liberal de que todo ser humano es una empresa en potencia está en la base del discurso político que le ha llevado a recuperar, de nuevo, el puesto de primer ministro. Por supuesto, un liberalismo que, a su vez y contradictoriamente, no tiene ningún inconveniente en cerrar las fronteras a la libre circulación de los seres humanos y fortalecer la política militarista para justificar una concepción patriótica de “su nación”.

    Frente al planteamiento socialdemócrata de que la esencia de cualquier persona es el conjunto de sus relaciones sociales y, por tanto la necesidad de estructurarlas, el del liberalismo a ultranza preconiza la eliminación de todo tipo de mecanismos de mediación institucional, es decir la disolución del Estado; no se necesitan estructuras públicas – escuela, salud, servicios sociales o culturales- para gestionar las necesidades de la vida. Cada uno se arregla como puede; elige la formación de sus hijos dentro de la amplia oferta privada, cuida de su casa y calles con empresas de vigilancia, atiende su salud con médicos vinculados a corporaciones de seguros. Y así, sucesivamente, hasta conseguir la absoluta desaparición de los servicios públicos; incluso la venta del patrimonio artístico y monumental con tal de que el Estado abandone sus prerrogativas.

    El “darwinismo social” de la ley del más fuerte se impone sobre los principios de solidaridad, justicia o bien común. Se trata de ganar el máximo dinero, lo antes posible y pensando en el beneficio particular, para poder garantizarse la gestión de la vida sin la intervención del Estado.

    En su libro La Modernidad líquida el sociólogo Zygmunt Bauman nos recuerda que el individualismo es una característica de nuestros tiempos; que el verdadero “Estado” es el dinero y que las relaciones se miden en términos de costo y beneficio.

    La disminución de la participación ciudadana en la gestión de los bienes comunes y la privatización del espacio público aparecen como consecuencia de esa creciente individualización de la experiencia. Como dice la campaña publicitaria de una conocida marca multinacional del mueble: “la casa es hoy tu república independiente” u otra de la industria automovilística: “el coche es el espacio vital al que tienes derecho”

    En este sentido, en el universo post-político de Berlusconi la política pierde el sentido primigenio de su origen: el gobierno de la polis; y, en consecuencia, el estado se convierte en una maquinaria empresarial al servicio de los intereses particulares de los más fuertes o favorece la "supervivencia del más apto” como preconizaba Herbert Spencer en su defensa de la selección natural.

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  • No puedo dejar de pensar de que la red ciudadana a la que (nos) referimos no es más que la respuesta a otra red en la que se hace fuerte el poder (la guerra como nueva sustancia excitante). Y es también una respuesta a otro tipo de red en la que se hace fuerte otro tipo de poder (la guerra como consecución de la paz espiritual).

    La red ciudadana a la que (nos) referimos opera en una capa en la que los nodos, por muy activos que sean, nunca acceden a otras capas, a otras redes, nunca inciden en su funcionamiento ni en su interconexión. Redes superpuestas, galaxias distintas, nodos incapaces de una conexión transformadora...

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  • Le preguntaría a Arturo Rodríguez que, si cree que las redes ciudadanas y las redes del poder son "galaxias distintas, redes superpuestas", y por tanto las redes ciudadanas son "nodos incapaces de una conexión transformadora", ¿cómo explica él la victoria del ZP el 14-M y la salida de las tropas de Irak, por ejemplo?

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  • La victoria de ZP y la salida de las tropas de Irak son ejemplos que hay que celebrar (pero no eternamente). Cuando me refiero a estas redes, necesarias, ciertas y de las que tenemos buenos ejemplos, como cita Amador, me estoy refiriendo a su falta de continuidad, a que estos chispazos no acaban provocando -no una explosión, no soy tan optimista- pero sí al menos una red de chispazos que consigan el cruce y la colisión de las galaxias a las que me refería... La red tiene de bueno que concita voluntades en torno a comunidades, pero son comunidades con los mismos intereses, donde se oye lo que se quiere oir, y de este modo no hay acceso a la alteridad, a lo que dice el otro, al debate en donde se demuestre la capacidad transformadora. Las redes de que habla Amador tuvieron la capacida de volver a la calle, salir del calor de la red... como ocurre con "V de vivienda" (también lo cito) y eso es fundamental, sí. Son ejemplos que nos sirven y que nos sirven para el análisis, pero que hemos de ver como una vía abierta más que como un monumento.

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